Inspirado en una idea tomada del blog El gato de guardia, me he propuesto recopilar algunos finales de cuentos borgianos en la convicción de que conocer previamente el final de una historia no siempre malogra el disfrute de la misma, y con el ánimo de que su lectura despierte tal vez la curiosidad de algunos y los induzca a leer el cuento completo.
Estos son los finales propuestos:
"Yo me fui tranquilo a mi rancho, que estaba a unas tres cuadras. Ardía en la ventana una lucecita, que se apagó en seguida. De juro que me apuré a llegar, cuando me di cuenta. Entonces, Borges, volví a sacar el cuchillo corto y filoso que yo sabía cargar aquí, en el chaleco, junto al sobaco izquierdo, y le pegué otra revisada despacio, y estaba como nuevo, inocente, y no quedaba ni un rastrito de sangre".
Hombre de la esquina rosada, 1935.
"Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo."
Las ruinas circulares, 1944.
"Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los sigles que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."
La biblioteca de Babel, 1941
"-Para la próxima vez que lo mate -replicó Scharlach- le prometo ese laberinto, que consta de una sola línea recta y que es invisible, incesante.
"Retrocedió unos pasos. Después, muy cuidadosamente, hizo fuego."
La muerte y la brújula, 1942.
"Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre."
El fin, 1944.
"En esa magia estaba cuando lo borró la descarga."
La espera, 1949.
"¿Existe el Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz."
El aleph, 1949.
"-A trabajar, hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con sus pilchas. Ya no hará más perjuicios.
"Se abrazaron, casi llorando. Ahora los ataba otro vínculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla."
La intrusa, 1970.
"Para zafarme de esa vida, me corrí a la República Oriental, donde me puse de carrero. Desde mi vuelta me he afincado aquí. San Telmo ha sido siempre un barrio de orden."
Historia de Rosendo Juárez, 1970.
"Nolan dio la señal.
"Al pardo, envanecido por su actuación se le fue la mano y abrió una sajadura vistosa que iba de oreja a oreja: al correntino le bastó con un tajo angosto. De las gargantas brotó el chorro de sangre; los hombres dieron unos pasos y cayeron de bruces. Cardoso, en la caída, estiró los brazos. Había ganado y tal vez no lo supo nunca."
El otro duelo, 1970.
"He cavilado mucho sobre este encuentro, que no he contado a nadie. Creo haber descubierto la clave. El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme; yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormenta el recuerdo.
"El otro me soñó, pero no me soñó rigurosamente. Soñó, ahora lo entiendo, la imposible fecha en el dolar."
El otro, 1975.
"No los volví a ver más, salvo a Irala. No comentamos nunca la historia; cualquier palabra nuestra hubiera sido una profanación. En 1914, don Alejandro Glencoe murió y fue sepultado en Montevideo. Irala ya había muerto el año anterior.
"Con Nierenstein me crucé una vez en la calle Lima y fingimos no habernos visto."
El congreso, 1975.
"Mis pies tocaban el penúltimo tramo de la escalera cuando sentí que algo ascendía por la rampa, opresivo y lento y plural. La curiosidad pudo más que el miedo y no cerré los ojos."
There are more things, 1975.
"En mi escritorio de la calle México guardo la tela que alguien pintará, dentro de miles de años, con materiales hoy dispersos en el planeta."
Utopía de un hombre que está cansado, 1975.
"Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió."
En la historia de la literatura son muchos los nombres que han brillado por sus méritos y han dejado su marca indeleble en nuestra cultura; sin embargo, todos ellos adolecen de un mismo defecto: su falta de porteñismo. Indefectiblemente, las figuras más destacadas de las letras de todos los tiempos han evitado metódicamente el uso del lunfardo, prefriendo el uso de cultismos, o a lo sumo regionalismos locales, pero nunca prestándose a expresarse en el lenguaje de las orillas, tan caro a nuestros afectos.
Por eso, en este humilde ejercicio, me propongo indagar como habrían sido algunas de las obras de estos autores si les hubiera sido dado vivir en Buenos Aires.
Félix Lope de Vega y Carpio es uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español y, por la extensión de su obra, uno de los más prolíficos autores de la literatura universal. No obstante, su escasa utilización del lenguaje canero lo aleja ineludiblemente de nuestro sentir ciudadano. Pero si Lope huviera tenido la oportunidad de vivir en buenos Aires, en la primera mitad del sigo XX, tal vez nos hubiera dejado un soneto como este:
Le daba morfi a un chingolito rante Rosita, y por un hueco de la jaula salió abanicado el chingolo maula a yirar por la davi como antes.
Abatatada y medio roncadora lo quiso abarajar de un manotazo y al ver que se piantaba del pialazo le chamuyó, con voz conmovedora:
"¿A dónde vas y me dejás colgando, a correr riesgos por hacerte el piola, y amurás a esta naifa que te anhela?"
Manyó el fato el chingolo y aflojando enderezó otra vez pa' la gayola. ¡Qué no puede el puchero de una grela!
Pedro Calderón de la Barca fue militar, escritor, poeta y dramaturgo español también del Siglo de Oro. La trascendencia de su obra y de su estilo han hecho escuela en las futuras generaciones; sin embargo, hay que decir que su defecto consiste en empeñarse en utilizar un lenguaje plagado de cultismos y demasiado enmarcado dentro del barroco español. Tal vez de haber vivo aunque sea un tiempito en Buenos Aires y frecuentado el grupo de Boedo, podría haber compuesto un monólogo así:
Me engrupo que estoy fané cachuzo y engayolado y me engrupí que había andado cual camba de gran chiqué. ¿Qué es la davi? Un varieté. ¿Qué es la davi? Un metejón, un chamuyo mishetón y el más derecho es fayuto: la davi toda es un grupo, y los grupos, grupos son.
Francisco de Quevedo y Villegas fue un noble, político y escritor, una vez más, del Siglo de Oro español, y uno de los más destacados de la historia de la literatura española. Ostentó los títulos de Señor de La Torre de Juan Abad y Caballero de la Orden de Santiago. Son famosos sus sonetos de amor, ubicados en el conceptismo barroco. Si bien en muchas oportunidades atacó a Luis de Góngora por su culteranismo, acusando la obscuridad y pedantería de su obra, hay que decir que tampoco él se floreó tanto que digamos en el leguaje de los arrabales. Pero si hubiera recorrido un poco más los barrios porteños de los años '20 o '30, los cafés de la calle Corrientes, o lo piringundines de Palermo, tal vez podría haber dejado a la posteridad un soneto como éste:
Bien podrá sacudirme un guadañazo la huesuda y arriarme el mejor día, y al fin podrá piantarse esta alma mía como está maquinando hace un tiempazo;
pero no por haber saltado el charco dejará el metejón por el que arde: gambetear sabe mi alma al más compadre y al más garifo sacudirle el arco.
Alma que fue gayola del Amor, venas que mi beguén han fogoneado, cuore de supo arder como el mejor:
su cuerpo amurará no su cuidado; serán ceniza pero con fervor; polvo serán, pero metejoneado.
William Shakespeare, si bien fue contemporáneo de los anteriores, tuvo el agravante de haber nacido en Stratford-upon-Avon, circunstancia que lo ha hecho todavía más impermeable a las influencias del lunfardo. Así y todo, es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. Pero de haber vivido en un conventillo de La Boca en los años '20 es de pensar que no sólo le habría hecho sombra al genial Vacarezza, sino que habría sido capaz de escribir un sainete que tuviera un monólogo como el siguiente:
Aguantiñar o amasijarse: éste es el balurdo: si es más de taura bancarse en el cuore las ñapis y trompazos de la suerte perra, o rechiflarse contra un vagón de agitaciones y, trenzándose con ellas, boletearlas: crepar, apoliyar, nada más, y, de un apoliyo, decir que liquidamos de un saque la malaria del bobo y la pila de roscazos propios de la nerca. Ése sería un espiante piola: crepar, apoliyar; apoliyar, a lo mejor soñar: sí, ahí está la cagada, porque nos tiene que calentar qué sueños nos van a dar la cana en ese apoliyo lungo, cuando hayamos zafado de este flor de quilombo. Ése es el belín que le da tanta manija a esta mishiadura: porque, o si no ¿quién se bancaría los lonjazos y puteadas de la davi, las cabronadas de la yuta, las gastadas del compadrito, el esquinazo de una nami que no te da bola, la pachorra de la justicia, los aprontes del mayorengo, y las biabas que recibe de los maulas el chabón más macanudo, si él mismo pudiera darse el raje con su propia faca? ¿Quién se bancaría el fardo, broncando y chivando bajo una vida rantifusa, si no le diera julepe algo depués del espiante, el ispa que nadie juna, de cuyo engayolamiento no zafa ni el más taita, que embalurda el bocho, y nos hace aguantiñar la malaria que tenemos antes que piantarnos a otra que no manyamos? Así, la conciencia nos hace cagones a todos, y el metejón del apronte, queda achacado por la mistonga mishiadura del cagazo, y las lanceadas más guapas se abatatan con este cuento y pierden la pulenta...
¡Araca!, ¡Musarela! ¿El budinazo de Ofelia? Papusa!, que en tus chamuyos al Ñorse sean recordados todos mis pifies.
Federico García Lorca tiene la extraordinaria ventaja sobre todos los anteriores que efectivamente conoció Buenos Aires en los años '30; sin embargo, parece se que su estadía de seis meses no fue suficiente para que su obra se viera convenientemente influenciada por el color local. De haber sido así, actualemente podríamos disfrutar de unos versos como estos:
Y yo que la chamuyé confiado que era pebeta pero tenía un mishé.
Fue en el bailongo del gringo y para darme chiqué me pedí unos sanguchitos y un champucito frapé.
entrando a los reservados medio que la manotié y al manyar se prendía ahí nomás la besuquié.
Esa cheno me enyanté un budín fetén-fetén. Me sentía el rey del corso acoplado a mi beguén
No quiero batir por taura los fatos que le escuché. Siempre he sabido ser pierna y entre ranas me crié.
Me porté como Dios manda, como un criollazo de ley. Le regalé pa' sus chuzas dos peinetas de carey,
y no quise entreverarme porque teniendo un mishé me engrupió que era pebeta cuando me la chamuyé.
A pesar del célebre eclecticismo de Borges, que nos hace dudar muchas veces de cual era su verdadera convicción sobre muchos temas, puede creerse, tanto por su obra como por declaraciones que ha hecho en diversos reportajes, en su creencia en el determinismo. Afirmaba, por ejemplo, que el libre albedrío no es más que es una ilusión necesaria. Necesitamos creer en todo momento que somos libres para seguir viviendo, pero cada unos de nuestros actos está fatalmente condicionado por toda la historia universal. Nuestra aparente elección es el mero efecto de todas las causas que la precedieron. Hacemos lo que queremos, porque no tenemos otra alternativa.
Esta idea se manifiesta, con algunas variantes, en los tres siguientes sonetos. En el último, sin embargo, no se desdeña la esperanza de que exista una salida.
Ajedrez II El hacedor (1960)
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada Reina, torre directa y peón ladino Sobre lo negro y blanco del camino Buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada Del jugador gobierna su destino, No saben que un rigor adamantino Sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero (La sentencia es de Omar) de otro tablero De negras noches y de blancos días.
Dios mueve al jugador y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza De polvo y tiempo y sueño y agonía?
LA PANTERA La rosa profunda (1975)
Tras los fuertes barrotes la pantera Repetirá el monótono camino Que es (pero no lo sabe) su destino De negra joya, aciaga y prisionera. Son miles las que pasan y son miles Las que vuelven, pero es una y eterna La pantera fatal que en su caverna Traza la recta que un eterno Aquiles
Traza en el sueño que ha soñado el griego. No sabe que hay praderas y montañas De ciervos cuyas trémulas entrañas
Deleitarían su apetito ciego. En vano es vario el orbe. La jornada Que cumple cada cual ya fue fijada.
Para una versión del I King
La moneda de hierro (1975)
El porvenir es tan irrevocable Como el rígido ayer. No hay una cosa Que no sea una letra silenciosa De la eterna escritura indescifrable
Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida Es la senda futura y recorrida. El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura, La firme trama es de incesante hierro, Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura. El camino es fatal como la flecha. Pero en las grietas está Dios, que acecha.
LINEA 9 Letra: Carlos De La Púa Música: Edmundo Rivero
Texto original: Era un boncha boleado, un chacarero Que se tomó aquel nueve en el Retiro. ¡Nunca vieron esparo ni lancero un gil a la acuarela más a tiro!
Eran polenta el bobo y la marroca y la empiedrada fule, berretín. Del grilo la cashimba daba boca y le orejeaba un poco el chiquilin.
El ropae que acusaba este laburo trabajó despacito de culata. Pero el lancero se paso de apuro y de gil casi más mete la pata.
Era un bondi de linea requemada con guarda batidor cara de rope. Si no saltó cabrón por la mancada, fue de chele nomás, de puro miope.
Traducción:
Era un ingenuo atolondrado, procedente del interior, que ingresó a ese autobús de la línea 9 en la estación Retiro. Nunca vieron ayudantes de delincuentes ni delincuentes especialistas en substaer bienes de los bolsillos de las víctimas a un infeliz tal más al alcance.
Eran de mucho valor el reloj y la cadena como así también la alhaja con incrustación de piedras falsas. Del bosillo lateral del pantalón asomaba la billetera y el pequeño bolsillo delantero para monedas quedaba levemente abierto.
El ayudante encargado de esta tarea se desempeñó cuidadosamente con el bolsillo trasero, pero el punguista se apresuró demasiado y, por inepto, por poco lo hecha todo a perder.
Era un autobús de una línea muy desprestigiada con guarda delator, de aspecto y conducta inflexibles. Si no intervino enfurecido por este paso en falso fue simplemente por suerte, de puro corto de vista.
La siguiente es una recorrida por aquellas esquinas de Buenos Aires que han sido mencionadas en letras de tango, con la idea de conocerlas un poco más y de comprobar (con cierto pesar en la mayoría de los casos) cuánto han cambiado desde entonces.
Corrientes y esmeralda
No podía dejar de estar primera en esta nómina la que se considera la esquina porteña por antonomasia. Se hace honor a ella en el tango homónimo de Pracánico y Flores, el cual ya ha merecido una nota en este blog. Curiosamente, se la menciona en el título pero no en la letra, por lo que muchos que hayan oído el tango es posible que ignoren de qué esquina se trata. Baste decir que es aquella en la que amainaban guapos junto a sus ochavas. Pues bien, esta esquina céntrica donde se juntaba la flor y nata porteña en los años '20 ha sido de las qué más han sufrido el paso del tiempo. Al demolerse el teatro Odeón a principio de los '90, hoy la ocupa una playa de estacionamiento.
Centenera y Tabaré
Como muchos ya sabrán, es aquella por donde pasaba el carrerito en su chata celeste en el tango Mano Blanca de Bassi y Manzi. No sé si alguien sabrá qué había en esta esquina del barrio de Pompeya en aquel tiempo. Actualmente, la oportunidad de explotación turística ha hecho que se llene de filetes, murales, placas y todo tipo de ornamento decorativo que remita al tango. Al momento de tomadas estas fotografías estaba en obra, así que convendría volver a pasar en un tiempo a ver cómo quedó.
Suárez y Necochea
Pasamos ahora al barrio de la Boca para ir a la esquina donde se juntaban los protagonistas del tango 3 amigos , de Luna y Cadícamo. Fue a principios del siglo XX el centro neurálgico del floreciente tango. En sus numerosos cafés (algunos memoriosos citan los nombres El Royal, La Marina, La Luna, La Taquera, X.X., La Popular, Las Flores) tocaban las antiguas orquestas de Arolas, Firpo, y Canaro, entre otros. Actualmente señorean las cantinas y la música que se oye está más cerca de la cumbia y el reggaeton; sin embargo, algo queda de aquel pasado florido, al menos uno de estos locales que lleva el nombre de 3 amigos.
San Juan y Boedo
Mencionada en el tangoSur, de Troilo y Manzi, ha sido de las que han sufrido una transformación ascendente, por no decir un abacanamiento. El que otrora fuera un típico bar de barrio, donde fieles habitúes transcurrían sus días con el codo en la mesa mugrienta y la vista perdida en un sueño, se ha transformado en la Esquina Homero Manzi Cena-Tango-Show, con menúes en inglés y página web. La única que se deja ver cada tanto es la inundación.
Rivadavia y Rincón
Análogamente al caso anterior, el viejo bar de Gabino y Cazón ha sucumbido a las ventajas de la explotación turística para convertirse en el Café de los Angelitos - Tango Show. Cabe aclarar que, en este caso, la edificación había sido totalmente destruída por el paso del tiempo, por lo que esta reconstrucción no deja de ser bienvenida. Se menciona a esta esquina en el tango Café de los Angelitos, de Razzano y Castillo.
Gaona y Boyacá
Ubicada en el límite entre los barrios de Flores y Villa General Mitre esta esquina ganó fama con el tango Café la Humedad, de Cacho Castaña. A pesar de que el tango es uno de lo más recientes (1972) del ya legendario café queda solo la edificación, aunque en ella funciona actualmente un supermerado (probablemente con problemas de humedad).
Olavarría y Almirante Brown
Volvemos ahora al barrio de La Boca para vistar esta esquina mencionada en la milonga de D'Agostino y Cadícamo El morocho y el oriental. No sabemos cual sería aquel café cincuentón que por La Boca existía, pero actualmente en esta esquina se encuentra el bar Roma, que a juzgar por su decoración y mobiliario, parece mucho más que cincuentón. Aún así, o precisamente por eso, vale la pena hacerle una visita.
Ayacucho y Santa Fé
Céntrica esquina porteña mencionada en el tango de Rubén Járez El tango con camiseta, donde el protagonista esperaba ansiosamente a su amada mientras, por otro lado, lamentaba no poder asistir a un encuentro deportivo. No está claro exactamente cual esquina era el escenario de esta singular lucha existencial, pero de las cuatro de esta intersección, la más propicia para esperar a alguien es la que muestra la foto; de ser así, ya sabemos por qué Juárez está tan gordo.
Thames y Triunvirato
Ubicada en el barrio de Villa Crespo, se la menciona en la milongaEl títere de Piazzola y Borges, y se la corrobora en algunos poemas de Cadícamo, como el lugar donde sabía tallar este mítico compadrito de la zona. Dado que habrán pasado más de cien años desde los hechos que se narran, no se puede pretender que permanezca en pie algo de aquella época. La foto, por tanto, se limita a mostrar ese lugar físico tal como se lo ve ahora. Para colmo de males, en 1937 este tramo de la avenida Triunvirato pasa a llamarse Corrientes, por lo que actualmente deberíamos hablar de la esquina de Thames y Corrientes. (Duro revés para los nominalistas, ya ni nomina nuda tenemus).
Bermúdez y Nogoyá
Para finalizar esta recorrida, habrá que estirarse hasta el barrio de Villa Devoto para visitar esta esquina mencionada en el tango El nene del Abasto, de Blanco y Hormaza, donde el protagonista se ufanaba de haber comenzado su frondosa carrera delictiva. Paradógicamente, y en este caso para mal, no parece que haya cambiado mucho desde entonces.
En 1785 Immanuel Kant presenta su obra Fundamentación de la metafísica de las costumbres, en la cual expresa su idea de moralidad. Su intención es tratar de encontrar un principio moral que sea universal. La idea es que para que una máxima se considere genuinamente moral, debe poder aplicarse a todo el mundo en circunstancias similares. Es decir que debemos evitar una conducta tal que si todo el mundo la siguiera, la vida social resultara imposible. Aunque una mentira en ciertas circunstancias pueda ser provechosa y ahorrarnos un mal mayor, no podemos desear que el mentir se convierta en una ley universal, ya que en estas condiciones no podría existir promesa alguna. Por lo que una máxima tal, al no ser universalizable, no puede ser considerada moral. Esto es lo que se conoce con el nombre de impeativo categórico, una proposición que se aplica incondicionalmente, sin tener en cuenta los propios objetivos y que debe ser obedecida como un deber moral. Ahora bien, Kant considera que la única motivación adecuada para la acción moral es el sentido del deber; es decir, actuar exclusivamente porque uno sabe que lo que hace lo debe hacer, no por ningún otro motivo. El deber se contrapone con las meras inclinaciones. Existen personas que son compasivas por naturaleza; si ven a alguien en necesidad, tienden a ayudarle. Para Kant, las acciones realizadas exclusivamente por inclinaciones compasivas no tienen absolutamente ningún valor moral. La motivación del deber es lo único que importa. Quien no tiene inclinación natural hacia la simpatía o la compasión, pero ayuda a los demás por sentido del deber, es moralmente loable; quienes actúan puramente movidos por la inclinación, por muy admirables que sean sus inclinaciones, no actúan en absoluto en forma moral.
Para ilustrar este concepto, creo que no puede encontrarse nada tan claro, gráfico y conciso como la reflexión de Felipe en la siguiente tira de Mafalda, publicada por primera vez en el semanario Siete Días Ilustados.
-------------------------------- Fuentes: - Historia de la filosofía, Will Durant. - La caverna de Platón y otras delicias de la filosofía, Nigel Warburton. - Mafalda 9, Quino.
EL CIRUJA Tango - 1926 Música: Ernesto de la Cruz Letra: Francisco Alfredo Marino
Texto original:
Como con bronca, y junando de rabo de ojo a un costado, sus pasos ha encaminado derecho pa'l arrabal. Lo lleva el presentimiento de que, en aquel potrerito, no existe ya el bulincito que fue su único ideal.
Recordaba aquellas horas de garufa cuando minga de laburo se pasaba, meta punga y al codillo escolaseaba y en los burros se ligaba un metejón; cuando no era tan junao por los tiras, la lanceaba sin temer el manyamiento, una mina le solfeaba todo el vento y jugó con su pasión.
Era un mosaico diquero que yugaba de quemera, hija de una curandera, mechera de profesión; pero vivía engrupida de un cafiolo vidalita y le pasaba la guita que le shacaba al matón.
Frente a frente, dando muestras de coraje, los dos guapos se trenzaron en el bajo, y el ciruja, que era listo para el tajo, al cafiolo le cobró caro su amor.
Hoy, ya libre'e la gayola y sin la mina, campaneando un cacho’e sol en la vedera, piensa un rato en el amor de su quemera y solloza en su dolor.
Traducción:
Como con enojo y observando con el rabillo del ojo a un costado sus pasos ha encaminado derecho para el suburbio. Lo lleva el presentimiento de que en aquel terreno baldío no existe ya el pequeño cuarto de soltero que fue su único ideal.
Recordaba aquellas horas de diversión cuando la pasaba exento de obligaciones laborales, delinquía constantemente, jugaba al codillo por dinero, y en las carreras de caballos arriesgaba grandes sumas de dinero.
Cuando no era tan reconocido por la autoridad hurtaba billeteras sin temer la identificación policial una mujer le sustraía todo el dinero y jugó con su pasión.
Era una muchacha jactanciosa que trabajaba recolectando residuos en la quema hija de una curandera de profesión ladrona en tiendas y negocios. Pero vivía engañada por un joven y ocioso proxeneta a quien le pasaba el dinero que obtenía del pendenciero.
Frente a frente, y dando muestras de coraje, los dos pendencieros se enfrentaron cuerpo a cuerpo en el bajo y el recolector de residuos, que era hábil con la navaja, al proxeneta le cobró caro su amor.
Hoy, ya libre de la cárcel y sin la muchacha, contemplando un sector de sol en la acera, piensa un poco en el amor de la recolectora de residuos y solloza de dolor.
------------------------ Ilustración:El ciruja, de Ernesto Dumit.
Cualquiera que haya atravesado el largo pasillo de la estación Pueyrredón de la línea D que conduce a la avenida Santa Fe, no habrá dejado de notar los extraños murales de azulejos que decoran uno de los laterales del mismo. Dichos murales (en cantidad de cuatro y provistos por la fábrica de cerámicas Cattáneo) tienen todos la particularidad, que se advierte al primer vistazo, de que han sido mal montados. Más precisamente, el error consiste, en todos los casos, en que las filas de azulejos han sido colocadas en el orden inverso. La primera fue colocada abajo de todo, la segunda arriba de esta, y así sucesivamente.
Después del asombro inicial, cabe preguntarse qué circuinstancia pudo haber generado tan extraña consecuencia. ¿Puede achacarse este bochornoso resultado a la impericia del colocador? ¿Puede una persona, por incapaz que sea, repetir sistemáticamente el mismo procedimiento erróneo en cuatro oportunidades, eludiendo la mirada de colegas, supervisores, autoridades y eventuales transeúntes? ¿O será, tal vez, que la empresa, en el marco de un programa de inserción laboral, encomendó la tarea a un colocador no vidente?
La otra posibilidad es que los azulejos hayan sido colocados de esa manera deliberadamente, y en ese caso ¿cual podría haber sido la razón? ¿Puede pensarse en un improvisado "diseñador" que advirtiendo la probreza de los diseños intentó enriquecerlos mediante este mecanismo? ¿Podrá deberse a que el autor de la obra y la empresa Cattáneo hayan concluído en malos términos y ésta quiso vengarse de aquel opacando su obra? ¿O un confilcto gremial en la misma empresa habrá hecho que los empleados tratasen de perjudicarla boicoteando el trabajo?
Como se ve, las posibilidades son muchas. No faltan incluso quienes vislumbran en todo esto un significado oculto: ¿Esconden los murales un mensaje cifrado, que de ser traducido develaría al mundo un misterio sin presedentes? ¿Son estos diseños el legado de una civilización perdida, que intentó transmitir sus conocimientos a quienes fueran capaces de entenderlos? ¿Es cierto que aquellos que intentaron recomponer las figuras terminaron víctimas de la locura, el suicidio o misteriosos accidentes?
A esta altura ya todo es posible. Por eso les digo que todo aquel que se vea en la necesidad de descender de subte en la estación Pueyrredón, lo mejor es que utilice la salida cercana la la calle Charcas y camine hacia Santa Fe por la superficie.
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Aclaración: De la cuatro fotografías publicadas en este artículo, la segunda y la cuarta corresponden a dos partes distintas del mismo mural. Hay un cuarto mural, en tonos de azules según recuerdo, el cual me vi imposibilitado de fotografiar ya que un vendedor multirubro estaba apostado delante de él, cubriéndolo parcialmente. Seguramente formaba parte del complot.
La intertextualidad (ese concepto acuñado por Julia Kristeva en los '60, copiosamente explotado por Umberto Eco en sus novelas y llevado al límite de plagio por Dan Brown) se define básicamente como el conjunto de relaciones que un texto literario puede mantener con otros. Llevando ese mismo concepto al tango, podemos hablar de tangos intertextuales en aquellos que aludan en sus letras a otros tangos.
Todos recordarán, por ejemplo, el tema Mi noche triste, de Castriota y Contursi, que inauguró allá por 1917 el tango canción. En un pasaje del mismo escribió Contursi aplicadamente:
.....
y me paso largo rato campaneando tu retrato pa' poderme consolar. Ya no hay en el bulín aquellos lindos frasquitos adornados con moñitos todos de un mismo color, .....
en 1929 Meaños y Velich lanzan el tango Por qué soy reo, con música de Herminia Velich, en el que el personaje, en la línea de una semblanza personal ya esbozada desde el título, declara:
..... En mi bulín mistongo no hay cintas ni moñitos ni aquellos retratitos, que cita la canción; .....
En la década del '40 la exitosa dupla D'Arienzo-Echagüe se florea con éxitos como El tarta (Rizzuti/Fresedo), El hipo (Allessio/Yiso) y Don Juan Mondiola (Oscar Arona). En ese contexto, incluyen también en su repertorio el tango Sarampión de Eladio Blanco y Raúl Hormaza, donde el protagonista, empeñado en conquistar los encantos de una señorita, le notifica:
.....
Yo te paso la pulenta que conmigo no se ensarta. Yo no le hago como el Tarta que patina al arrancar. Yo no soy como Mondiola ni el bisagra ese del Hipo soy un mozo flor de tipo con aprontes pa' ganar. .....
Podemos encontrar otro ejemplo en el tango Naipe marcado, de Ángel Greco, en cuya letra se encuentran camuflados los títulos de varios tangos, sobre todo de la Guardia Vieja; así dice:
Vayan parando El chamuyo!, van a cantar Mano a mano,
Lorenzo y El entrerriano, payadores De mi flor,
saldrá el Sentimiento criollo
enancao a El pensamiento, sobre El flete de Un lamento que va buscando un amor.
.....
Terminaron La payada, y El taita, con su pericia, pide a la PampaFelicia que se quite el Zorro Gris y baile Derecho viejo con el gran Rodríguez Peña para que el Alma porteña resurja grande y feliz. .....
En el tango A Homero, de Troilo y Castillo, no se alude a ningún tango en particular pero sí se usa un vocabulario muy propio de Manzi y que alude de alguna manera a cualquiera de sus obras, aunque principalmente a Sur:
..... Y estaba el terraplén y todo el cielo, la esquina del zanjón, la casa azul... Todo se fue trepando su misterio por los repechos de tu barrio sur. .....
Algo muy parecido hace el tango Homero al sur, compuesto en 1976 por Domingo Moles y Roberto Díaz, cuando dice:
..... Ya no hay alfalfa y terraplén ya no hay codillo y corralón, no está la casa del herrero. .....
De la misma manera, podríamos decir que en Yuyo verde, de Federico y Expósito, se alude, conforme a lo que en la misma letra se declara, a un lenguaje común a todo el género:
..... Un farol, un portón, igual que en un tango, .....
Pero sin duda alguna el caso más claro de intertextualidad lo encontramos en la obra de Les Luthiers titulada Pieza en forma de tango, Opus 11 (también llamada Miserere) atribuida al poeta del suburbio Mario Abraham Kortzclap. En la segunda parte de la misma escuchamos:
.....
Querida vieja: decí por Dios que me has dado que tengo el corazón hecho pedazos. De chiquilín te miraba de afuera... Viejita, que noche llena de hastío...y de frío... ..... En la esquina del herrero la percanta mano a mano con la seda y el percal, mira al músculo que ni una vez descansa el romance otario, araca, vil metal, metejón, taimado, taita, guapo, cafetines, suburbios, arrabales, conventillo, Pompeya, esquina y tango ilusión de gigolós sentimental...les. .....
Intermusicales:
Forzando un poco las bondades de nuestro amable lenguaje, podemos extender este mismo concepto a la música y hablar de tangos intermusicales en aquellas composiciones en las que se intercalan pasajes de otros tangos.
El primer caso que se me ocurre es el tango de Cobián y Cadícamo A pan y agua, de 1920. Su versión más difundida, la de D'Agostino/Vargas Boomp3.com, se inicia con un antiguo tango también de Juan Carlos Cobián que llevaba el nombre deAñoranza camperaBoomp3.com. Más adelante, después de un recitado en el que Angel Vargas rememora las "notas del pintoresco trío de aquellos bohemios del tango...", se oyen unos compases de un tango inédito de Angel D'Agostino llamado Don Tito. En otras versiones que he llegado a escuchar, no se incluye Don Tito pero sí los reconocibles compases de Añoranza campera.
En el tango Sencillo y compadreBoomp3.com, de Carlos Bahr, el autor expresa su preferencia por el tango de principios de siglo, antes de que el trato con la alta sociedad le hiciera perder su esencia arrabalera. Después de enumerar las características del mismo, la orquesta, previamente instruida, ejemplifica con la ejecución de unos compases de La Morocha, de Enrique SaboridoBoomp3.com en primer lugar y más tarde hace lo propio con El entrerrianoBoomp3.com, de Rosendo Mendizábal, a lo que el cantor, notoriamente entusiasmado con este apoyo, apunta "tangos como este del tiempo de antes...", y uno casi puede imaginárselo señalando hacia atrás con su pulgar por sobre el hombro a la orquesta que lo secunda.
Algo muy similar ocurre con el tango de Fernando Montoni y Juan José Guichandut Así era el tangoBoomp3.com. En este caso el cantor, buscando la complicidad de los presentes, profiere desafiante: "digan muchachos, que saben el tango bailar, si este no es mejor:" y ahí la orquesta, previo convenio, arranca con los compases de El chocloBoomp3.com, de Ángel Villoldo y en segunda oportunidad, El Cachafaz, de Manuel ArózteguiBoomp3.com.
Otro ejemplo de intermusicalidad lo podemos encontrar en el tango Café de los angelitosBoomp3.com, de José Razzano y Cátulo Castillo. Aquí (por lo menos en la versión de Troilo/Marino), después de que la letra recuerda a José Betinotti, antiguo habitué del lugar, se oyen los compases de Pobre mi madre queridaBoomp3.com, viejo éxito del último payador.
Por último, tenemos un caso de lo que podríamos llamar intermusicalidad restringida o intramusicalidad, en la obra de Astor Piazzolla. En 1959, tras recibir la noticia de la muerte de su padre mientras se encontraba de gira, Piazzolla compone su obra más representativa Adiós NoninoBoomp3.com; lo que pocos saben es que los compases iniciales de la misma corresponden a un tango suyo anterior llamado Nonino,Boomp3.com primer homenaje a su padre Vicente.
Metatangos:
En la categoría metatangos podemos incluir, simplemente, a todos aquellos tangos que hablen del tango. Esta vasta lista, además de contener los ya mencionados Sencillo y compadre y Así es el tango, podría engrosarse con temas tales como La canción de Buenos Aires, de Cúfaro, Maizani y Romero; Apología tanguera, milonga de Rosita Quiroga y Enrique Cadícamo; Tango Argentino, de Juan Maglio (Pacho) y Alfredo Bigeschi; Tango brujo, de Francisco Canaro; Tango mío, de Magaldi y Fresedo; Una emoción, de Kaplún y Suñé; Viva el tango, de Garello y Ferrer; Alguien le dice al tango, de Piazzolla y Borges; Tango de ayer, de Enrique Cadícamo; y un frondoso y variado etcétera.
Intérprete: María José Mentana con la Sinfónica de Caracas.
EL NENE DEL ABASTO Música: Eladio Blanco Letra: Raúl Hormaza
Texto original:
Como estoy algo apartado por razón de manyamiento, ando de raje y sin vento y apoliyo de parao. No lo digo de balurdo pero tengo mi patente, soy junao en el ambiente por El Nene o El Pesao. Pa’ que vayan relojeando la campaña que yo tengo, debuté por ley de juego en Bermúdez y Nogoyá. Por lesiones y entreveros me comí la ochenta y nueve, mi prontuario no lo mueve ni un piquete ‘e la Central.
Si cualquiera ‘e los muchachos tiene algún laburo en puerta, que me pase la boleta, aprendí todos estos fatos: purga, scruche, furca, atraco, filo misho, descuidista, ligereza y buena vista para el cambiazo de paco. Quien precise mi trabajo le hago un precio acomodao, soy El Nene del Abasto pa’ más datos El Pesao.
Si alguno lo pone en duda lo que este coso comenta, Moreno quince cincuenta, que le pasen mi tosán. Por apretar el gatillo en una bronca fulera, diez pepinos en Las Heras me hizo morfar un fiscal. Ochenta y dos remisiones varias, con treinta en Devoto, dos en tierra por el coco y un kilo de apelación. Son datos e informaciones, pedigré de un chorro viejo, y El Pesao con todo esto se ofrece sin pretensión.
Traducción:
Como me encuentro algo apartado por razón de la identificación policial vivo a las escapadas y sin dinero, y duermo de pie; no lo digo por engañar pero tengo mi reputación, soy reconocido en el ambiente por 'El Nene' o 'El Pesao'. para que se vayan interiorizando sobre los antecedentes que yo tengo cumplí mi primera condena por ley de juego en [la penitenciaría de Villa Devoto, sita en la calle] Bermúdez [en su intersección con] Nogoyá. Por lesiones y riñas me aplicaron el artículo ochenta y nueve [del código penal], (1) mi prontuario [es tan sólido que] no lo mueve ni un piquete de la Central.
Si cualquiera de los muchachos tiene en vista la realización de algún trabajo deshonesto que me haga llegar su pedido aprendí todos las modalidades: substracción, irrupción en viviendas, atraco inmovilizando a la víctima con las manos, asalto a mano armada, venta a incautos de supuestas máquinas para imprimir dinero, substracción de bienes aprovechando el descuido de la víctima, [tengo, además] rapidez y buena vista para el reemplazo de un bolso o paquete con valores por otro de aspecto similar confeccionado para tal fin. Quien precise mi trabajo le hago un precio ventajoso, soy 'El Nene del Abasto' para más datos 'El Pesao'.
Si alguien pusiere en duda lo que quien les habla comenta [diríjase al departamento central de la Policía Federal sito en la calle] Moreno quince cincuenta, y que lo pongan al tanto de mis antecedentes. Por efectuar un disparo de arma de fuego en un feo altercado diez años de condena en [la Penitenciaría Nacional de la calle] Las Heras me hizo cumplir un fiscal; Ochenta y dos remisiones al juez, varias de ellas cumpliendo 30 días de detención en [la cárcel de Villa] Devoto dos veces en [la cárcel de reincidentes de] Tierra de Fuego por tenencia de cacaína y una cantidad enorme de apelaciones. Son datos e informaciones, antecedentes de un delincuente de larga trayectoria, y El Pesao con todo esto se ofrece sin pretensión.
--------------------------------- (1) Art.89.- Se impondrá prisión de un mes a un año, al que causare a otro, en el cuerpo o en la salud, un daño que no esté previsto en otra disposición de este Código. (Código Penal de la República Argentina, Libro Segundo, Título I, Cap. II)
Hora era ya de volver a comentar algún cuadro, así que elegí en este caso nada menos que Las meninas de don Diego Velázquez. Terminado de pintar hacia 1656, este óleo sobre lienzo de 3,18 por 2,76 metros fue pasando de mano en mano hasta que en 1819 se instaló definitivamente en el Museo del Prado. Según se dice, no siempre tuvo este nombre: al principio se lo llamó El cuadro de la familia; más tarde alguien lo anotó en un inventario como La Sra. emperatriz Infanta de España, pero luego la longitud de este nombre pareció impropia para tal obra, así que la renombraron como La Sra. emperatriz Infanta de España con sus damas y criados y una enana donde se retrató el pintor a sí mismo pintando. Recién en 1843 adopta su nombre definitivo de Las meninas.
Desde el principio nomás despertó el asombro y admiración de todos los que se le pusieron delante: Luca Giordano lo definió como “la teología de la pintura”; Teófilo Gautier, al verlo, confundido por el realismo y la profundidad de la perspectiva exclamó “¿Dónde está el cuadro?". Otras expresiones recogidas han sido tal vez algo más mundanas, pero no carentes pasión.
Pero vamos ya mismo a enumerar la identidad de los personajes presentes: A la izquierda, y asomándose detrás del lienzo, se encuentra el propio Velázquez, pincel en mano y observando atentamente a sus supuestos modelos. Luce sobre su pecho la insignia de la Orden de Santiago, que le fuera otorgada poco antes de su muerte, por lo que fue agregada sobre el cuadro con posterioridad. A la derecha y más al frente tenemos a doña María Agustina Sarmiento de Sotomayor, dama de la corte, hija del conde de Salvatierra y heredera del Ducado de Abrantes, que le está alcanzando un jarrito colorado nada menos que a la infanta Margarita, la primogénita de los reyes y hasta ese momento heredera de la corona, quien además tiene a su otro flanco a doña Isabel de Velasco, otra dama de la corte, hija del conde de Fuensalida, a quien vemos inclinarse formal reverencia. Siguiendo este recorrido visual, imposible no advertir el rostro de la enana hidrocéfala Mari Bárbola, fiel acompañante de la pobre infanta desde su nacimiento, escoltada por el bambino Nicolasito Pertusato, futuro Ayuda de Cámara de Palacio llegado de Italia seis años antes, quien se entretiene molestando con su pie a un mastín castellano que prefiere ignorarlo indulgentemente. Detrás de las figuras del primer plano, doña Marcela de Ulloa, Camarera Mayor, viuda de don Diego de Portocarrero y madre del famoso Cardenal Portocarrero, parece estar tramando intrigas palaciegas con don Diego Ruiz Azcona, prelado vasco de familia hidalga que fuera Obispo de Pamplona y Arzobispo de Burgos, quien eleva la vista con disimulo, como desentendiéndose de la situación. Al fondo de la escena, don José Nieto Velázquez, jefe de la Tapicería y Aposentador de la reina, parece emprender una discreta retirada alegando, tal vez, alguna excusa baladí. Por último, el espejo ubicado junto a la puerta devuelve el reflejo de los propios reyes Felipe IV y su joven esposa Mariana de Austria, quienes vienen a ser los presuntos modelos de la obra del pintor.
Sin embargo, a esta interpretación casi generalizada se le opone otra según la cual el rey y la reina no estarían posando sino que irrumpen de pronto en la habitación, reflejándose en el espejo y generando la reacción de muchos de los presentes. Por eso Isabel de Velasco se inclina en reverencia; por eso Velázquez detiene su trabajo y se asoma al advertir su presencia; por eso la infanta, que hasta entonces estaría mirando a Nicolasito jugar con el perro, gira su vista hacia los reyes pero no aún su cabeza, que sigue orientada a su izquierda; por eso la cara de asombro de Mari Bárbola que mira como diciendo "los reyes acá y yo con estas mechas"; por eso don Diego Ruiz Azcona disimula ante los comentarios de doña Marcela de Ulloa quien, desprevenida, continúa intrigando; y por eso don José Nieto Velázquez detiene su improvisada fuga y parece vacilar entre regresar o escabullirse definitivamente.
Sea como fuere, la magia del cuadro radica en que, de una manera u otra, los reyes están presentes en la escena y ubicados a las espaldas del espectador, lo que hace que éste se sienta envuelto en la composición, como si la obra se cerrara incluso a sus espaldas.
Por supuesto hay muchas más interpretaciones de esta pintura (algunas de las cuales se pueden consultar acá), que no dudan en encontrar en ella significados esotéricos, astrológicos, sagrados, pitagóricos, etc. y que es probable que en no mucho tiempo sean tema de una novela de Dan Brown.
En el marco de una campaña que podría denominarse Mirá para arriba, propongo llamar la atención de los lectores sobre algunas obras arquitectónicas de Buenos Aires que, en nuestro diario ajetreo, solemos pasar por alto. Se trata en esta oportunidad de dos obras del arquitecto argentino Eduardo Rodríguez Ortega (1871-1938) de estilo modernista, tal vez las más gaudianas de la ciudad, y ubicadas a muy corta distancia una de otra.
La primera se encuentra en la esquina de Rivadavia y Ayacucho, con entrada por Rivadavia 2009. Se comenzó a construir en 1912 y se inauguró dos años más tarde. Recientemente restaurada, de todos sus detalles art nouveau, lo que sin dudas sobresale es la cúpula acebollada, formada por novecientas cincuenta y dos piezas de vidrio espejado. Además, para acentuar la influencia gaudiana del edificio, se rediseñó la terraza agregando a ambos lados replicas a escala de Puerta del Dragón, que Gaudí diseñara para la finca Güell, además de otros detalles ornamentales tomados de la casa Battló y el parque Güell. Como homenaje final al arquitecto catalán, se agrego en el frente la inscripción NO HI HA SOMNIS IMPOSSIBLES.
La segunda de la obras, en Rivadavia 2031, es la denominada Palacio de los Lirios, dada la mayoritaria presencia de ese componente de la heráldica francesa en casi toda la fachada que la envuelven en forma ascendente y simulan sostener cada uno de los balcones formando las rejas. Los balcones ondulantes son otro típico elemento gaudiano, como así también los motivos vegetales y animales presentes sobre todo en la parte superior. La fachada es rematada por una ondulante baranda enrejada que ostenta en su centro una enorme cabeza barbada representando al dios Eolo. Este edificio cuenta además con una de las puertas de hierro más pintorescas de Buenos Aires, aunque lamentablemente semioculta detrás de una parada de colectivos.
Todas las fotos son ampliables y acá se pueden ver más fotos.
Nadie que haya escuchado atentamente algunos de los tangos más arraigados en el sentimiento popular rioplatense habrá dejado de notar la existencia de ciertos personajes que, por su conducta o sus declaraciones, dejan entrever algunas patologías más o menos preocupantes desde el punto de vista psicológico. A continuación presento, a manera de ejemplo, un tango de cada uno de los casos más claros, en la certidumbre de que habrá, no sólo más ejemplos de cada caso, sino también muchos más trastornos que aquí no se incluyen, los cuales no faltará mejor pluma que los celebre:
Trastorno maníaco-depresivo: ALMA DE LOCA (Jacinto Font/Guillermo Cavazza) Codependencia afecitva: NADA MÁS (L. Rubinstein/Francisco Canaro) Megalomanía: NIÑO BIEN (Juan A. Collazo / Soliño-Fontaina)
Depresión alucinatoria: SOLEDAD(Carlos Gardel - Alfredo Le Pera)
Hacia 1910, el rico inmigrante italiano Luis Barolo, ferviente admirador de Dante Alighieri, convencido de que las guerras que asolaban Europa terminarían por destruirla, se propuso construir un mausoleo que conservara las cenizas del poeta en América. Para esto contrató al arquitecto milanés Mario Palanti quien, entre 1919 y 1923, construyó el edificio que sería durante 12 años el más alto de la ciudad, hasta que en 1935 el Kavanagh le pasó el trapo sin transpirar.
Conforme al fin al que estaba destinado, el edificio está inspirado en la Divina Comedia y construido según su estructura: Está dividido en tres partes, la planta baja es el Infierno, los primeros 14 pisos son el Purgatorio y los restantes el Paraíso. Así como los círculos infernales son nueve, nueve son las bóvedas de acceso al edificio, tres hacia la Avda. de Mayo, tres hacia Hipólito Yrigoyen, la central que se extiende hacia la cúpula, y las que contienen las escaleras hacia los laterales. La altura del edificio es de 100 metros y 100 son los cantos de la obra de Dante; tiene 22 pisos tantos como estrofas los versos de la Divina Comedia. La cúpula está inspirada en el templo Rajarani (Bhubaneshvar, India, siglo XI), para representar el amor tántrico entre Dante y Beatriche. Está rematado por un faro giratorio de 300.000 bujías que representa los nueve coros angelicales y la rosa mística del Paraíso dantesco. Como si esto fuera poco, la constelación de la Cruz del Sur se ve alineada con el eje del Barolo en los primeros días de junio a las 19:45 horas.
Pero dejando de lado estos extraños simbolismos y referencias místicas, conviene atender fríamente su admirable calidad arquitectónica. A partir de una actitud impresionista, su arquitectura representa un importante intento de conjugar distintas trazas de la tradición arquitectónica europea presentes en el neogótico y el neorrománico, con modernas técnicas constructivas a la manera estadounidense y rasgos de carácter rioplatense. Desde un inicio el Palacio provocó cierta perplejidad, se habló de estilo “remordimiento italiano”, gótico romántico, castillo de arena, o cuasi gótico veneciano.
Sin embargo, no es fácil dejar pasar que la planta del edificio está construida en base a la sección áurea y al número de oro, proporciones y medidas de origen sagrado. Entre las bóvedas transversales sobre las columnas, se ubican cuatro lámparas sostenidas por cuatro cóndores y dos dragones, un macho y una hembra, que representan los principios alquímicos, el mercurio y el azufre, y sus atributos. Cada una de las seis bóvedas transversales, así como las dos laterales, contienen inscripciones en latín, y se pueden distinguir catorce citas que pertenecen en total a nueve obras distintas, desde la Biblia a Virgilio, manteniendo así, el número que se repite a lo largo de la Divina Comedia y reforzando su carácter esotérico de templo místico a la manera medieval.
Volviendo a datos históricos concretos, podemos decir que el edificio cumple hoy mismo 85 años, ya que se inauguró el 7 de julio de 1923, cuando fue bendecido por el nuncio Giovanni Beda Cardinale ante el Conde Felizzano —embajador de Italia— y el canciller Angel Gallardo, entre Acoyte y Marechal.
Algunos sostienen que el finado Barolo, en su fervor dantesco (sin que este adjetivo tenga, al menos en este caso, una connotación negativa), hizo coincidir la apertura del edificio con el 600° aniversario de la muerte del poeta, pero a mi, francamente, no me están dando las cuentas. Lo cierto es que, tanto la Divina Comedia como el Palacio Barolo, son obras que merecen ser conocidas. La primera vio la luz a comienzos del siglo XIV. A la segunda se la puede ver en Avenida de Mayo al 1300.