domingo, 15 de junio de 2008

Algunas metamorfosis literarias







Para abordar el tema desde el principio, podríamos empezar hablando de Las Metamorfosis de Publio Ovidio Nasón, u Ovidio a secas, como gustaba que le llamasen. En esta obra, el susodicho narra las metamorfosis a las que se sometieron algunos personajes mitológicos, voluntariamente o no, desde el origen del mundo hasta la transformación en estrella del alma de Julio César. Ponerse a detallar cada una de ellas excede sobradamente las intenciones de este artículo, así que avancemos algunos siglos a ver qué mas encontramos.

La segunda referencia que nos viene en mente es, sin duda, la metamorfosis de Gregor Samsa, aquel que al despertar una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto; sin embargo, el relato de Kafka adolece de la falta de la descripción misma de la transformación; ni bien empieza nos encontramos con el tipo ya terminado de transformar. Nos perdimos lo mejor. Sólo nos queda asistir al relato de la difícil reinserción social del pobre Gregor en su nuevo estado.

Unos años antes, Robert Louis Stevenson entrega a la imprenta la novela titulada El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. A lo largo de esta obra, llevada al cine en varias oportunidades, presenciamos cómo el protagonista alterna con relativa facilidad entre las personalidades de Jekyll y Hyde despertando el asombro, y muchas veces el pavor, de su círculo íntimo, ya que al cambio de aspecto, ya de por sí significativo, se le sumaba un cambio de comportamiento del todo preocupante.

Arrancando el siglo XIV, Dante Alighieri se florea con la composición de la
Divina Comedia. Podría decirse que se trata simplemente de un diario de viajes, si no fuera porque el viaje se desarrolla nada menos que a lo largo del Cielo y el Infierno. De todos los hechos naturalmente asombrosos que le es dado presenciar en su recorrido, el que nos interesa ahora es el del canto XXV del Infierno. Al llegar a la séptima fosa del octavo círculo, Dante se encuentra con cinco famosos ladrones florentinos que, en su castigo eterno, eran atacados permanentemente por serpientes. En cierto momento, una serpiente de seis patas se lanza sobre quien en vida fuera Agnolo Brunelleschi y se enrosca a él de tal forma que ambos comienzan a fundirse en una sola criatura, quien finalmente, y ante la consternación de los presentes, se retira con paso lento y silbando bajito.

Ya mucho más cercano en el tiempo y la distancia, tenemos una experiencia de metamorfosis no ya sólo escrita sino incluso padecida por Ernesto Sabato en su novela Abaddón el exterminador. En el capítulo titulado Una rata con alas, Sabato narra cómo él mismo se vio paulatinamente convertido, con menos asombro que repugnancia, en un horrendo murciélago. No obstante, y para tranquilidad de los lectores, en estos momentos don Ernesto se halla aún bajo su forma humana en su hogar de Santos Lugares.

Muchas más metamorfosis ha dado la literatura, que la pereza o la ignorancia me impiden referir. Básteme recordar las perpetradas por la hechicera Circe en la Odisea, convirtiendo a toda la tripulación de Ulises en cerdos. O la de los habitantes de La Isla del Dr. Moreau, quienes sufrieron la conversión inversa en la novela de Wells. Las recurrentes transformaciones del conde Drácula en la novela de Stoker. El cuento El Lobo del Satiricón de Petronio, cap. XLII.

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Ilustraciones:

- Metamorfosis de Narciso, Salvador Dalí.
- Publio Ovidio Nasón, Arthur von Werner.
- Retrato de Dante Alighieri, Sandro Boticelli.
- Sabato, Antonio Berni.
- Los Simpsons - episodio: La Isla del Dr. Hibbert.