En la historia de la literatura son muchos los nombres que han brillado por sus méritos y han dejado su marca indeleble en nuestra cultura; sin embargo, todos ellos adolecen de un mismo defecto: su falta de porteñismo. Indefectiblemente, las figuras más destacadas de las letras de todos los tiempos han evitado metódicamente el uso del lunfardo, prefriendo el uso de cultismos, o a lo sumo regionalismos locales, pero nunca prestándose a expresarse en el lenguaje de las orillas, tan caro a nuestros afectos.
Por eso, en este humilde ejercicio, me propongo indagar como habrían sido algunas de las obras de estos autores si les hubiera sido dado vivir en Buenos Aires.

Félix Lope de Vega y Carpio es uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español y, por la extensión de su obra, uno de los más prolíficos autores de la literatura universal. No obstante, su escasa utilización del lenguaje canero lo aleja ineludiblemente de nuestro sentir ciudadano. Pero si Lope huviera tenido la oportunidad de vivir en buenos Aires, en la primera mitad del sigo XX, tal vez nos hubiera dejado un soneto como este:
Le daba morfi a un chingolito rante
Rosita, y por un hueco de la jaula
salió abanicado el chingolo maula
a yirar por la davi como antes.
Abatatada y medio roncadora
lo quiso abarajar de un manotazo
y al ver que se piantaba del pialazo
le chamuyó, con voz conmovedora:
"¿A dónde vas y me dejás colgando,
a correr riesgos por hacerte el piola,
y amurás a esta naifa que te anhela?"
Manyó el fato el chingolo y aflojando
enderezó otra vez pa' la gayola.
¡Qué no puede el puchero de una grela!

Pedro Calderón de la Barca fue militar, escritor, poeta y dramaturgo español también del Siglo de Oro. La trascendencia de su obra y de su estilo han hecho escuela en las futuras generaciones; sin embargo, hay que decir que su defecto consiste en empeñarse en utilizar un lenguaje plagado de cultismos y demasiado enmarcado dentro del barroco español. Tal vez de haber vivo aunque sea un tiempito en Buenos Aires y frecuentado el grupo de Boedo, podría haber compuesto un monólogo así:
Me engrupo que estoy fané
cachuzo y engayolado
y me engrupí que había andado
cual camba de gran chiqué.
¿Qué es la davi? Un varieté.
¿Qué es la davi? Un metejón,
un chamuyo mishetón
y el más derecho es fayuto:
la davi toda es un grupo,
y los grupos, grupos son.

Francisco de Quevedo y Villegas fue un noble, político y escritor, una vez más, del Siglo de Oro español, y uno de los más destacados de la historia de la literatura española. Ostentó los títulos de Señor de La Torre de Juan Abad y Caballero de la Orden de Santiago. Son famosos sus sonetos de amor, ubicados en el conceptismo barroco. Si bien en muchas oportunidades atacó a Luis de Góngora por su culteranismo, acusando la obscuridad y pedantería de su obra, hay que decir que tampoco él se floreó tanto que digamos en el leguaje de los arrabales. Pero si hubiera recorrido un poco más los barrios porteños de los años '20 o '30, los cafés de la calle Corrientes, o lo piringundines de Palermo, tal vez podría haber dejado a la posteridad un soneto como éste:
Bien podrá sacudirme un guadañazo
la huesuda y arriarme el mejor día,
y al fin podrá piantarse esta alma mía
como está maquinando hace un tiempazo;
pero no por haber saltado el charco
dejará el metejón por el que arde:
gambetear sabe mi alma al más compadre
y al más garifo sacudirle el arco.
Alma que fue gayola del Amor,
venas que mi beguén han fogoneado,
cuore de supo arder como el mejor:
su cuerpo amurará no su cuidado;
serán ceniza pero con fervor;
polvo serán, pero metejoneado.

William Shakespeare, si bien fue contemporáneo de los anteriores, tuvo el agravante de haber nacido en Stratford-upon-Avon, circunstancia que lo ha hecho todavía más impermeable a las influencias del lunfardo. Así y todo, es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. Pero de haber vivido en un conventillo de La Boca en los años '20 es de pensar que no sólo le habría hecho sombra al genial Vacarezza, sino que habría sido capaz de escribir un sainete que tuviera un monólogo como el siguiente:
Aguantiñar o amasijarse: éste es el balurdo: si es más de taura bancarse en el cuore las ñapis y trompazos de la suerte perra, o rechiflarse contra un vagón de agitaciones y, trenzándose con ellas, boletearlas: crepar, apoliyar, nada más, y, de un apoliyo, decir que liquidamos de un saque la malaria del bobo y la pila de roscazos propios de la nerca. Ése sería un espiante piola: crepar, apoliyar; apoliyar, a lo mejor soñar: sí, ahí está la cagada, porque nos tiene que calentar qué sueños nos van a dar la cana en ese apoliyo lungo, cuando hayamos zafado de este flor de quilombo. Ése es el belín que le da tanta manija a esta mishiadura: porque, o si no ¿quién se bancaría los lonjazos y puteadas de la davi, las cabronadas de la yuta, las gastadas del compadrito, el esquinazo de una nami que no te da bola, la pachorra de la justicia, los aprontes del mayorengo, y las biabas que recibe de los maulas el chabón más macanudo, si él mismo pudiera darse el raje con su propia faca? ¿Quién se bancaría el fardo, broncando y chivando bajo una vida rantifusa, si no le diera julepe algo depués del espiante, el ispa que nadie juna, de cuyo engayolamiento no zafa ni el más taita, que embalurda el bocho, y nos hace aguantiñar la malaria que tenemos antes que piantarnos a otra que no manyamos? Así, la conciencia nos hace cagones a todos, y el metejón del apronte, queda achacado por la mistonga mishiadura del cagazo, y las lanceadas más guapas se abatatan con este cuento y pierden la pulenta...
¡Araca!, ¡Musarela! ¿El budinazo de Ofelia? Papusa!, que en tus chamuyos al Ñorse sean recordados todos mis pifies.

Federico García Lorca tiene la extraordinaria ventaja sobre todos los anteriores que efectivamente conoció Buenos Aires en los años '30; sin embargo, parece se que su estadía de seis meses no fue suficiente para que su obra se viera convenientemente influenciada por el color local. De haber sido así, actualemente podríamos disfrutar de unos versos como estos:
Y yo que la chamuyé
confiado que era pebeta
pero tenía un mishé.
Fue en el bailongo del gringo
y para darme chiqué
me pedí unos sanguchitos
y un champucito frapé.
entrando a los reservados
medio que la manotié
y al manyar se prendía
ahí nomás la besuquié.
Esa cheno me enyanté
un budín fetén-fetén.
Me sentía el rey del corso
acoplado a mi beguén
No quiero batir por taura
los fatos que le escuché.
Siempre he sabido ser pierna
y entre ranas me crié.
Me porté como Dios manda,
como un criollazo de ley.
Le regalé pa' sus chuzas
dos peinetas de carey,
y no quise entreverarme
porque teniendo un mishé
me engrupió que era pebeta
cuando me la chamuyé.
confiado que era pebeta
pero tenía un mishé.
Fue en el bailongo del gringo
y para darme chiqué
me pedí unos sanguchitos
y un champucito frapé.
entrando a los reservados
medio que la manotié
y al manyar se prendía
ahí nomás la besuquié.
Esa cheno me enyanté
un budín fetén-fetén.
Me sentía el rey del corso
acoplado a mi beguén
No quiero batir por taura
los fatos que le escuché.
Siempre he sabido ser pierna
y entre ranas me crié.
Me porté como Dios manda,
como un criollazo de ley.
Le regalé pa' sus chuzas
dos peinetas de carey,
y no quise entreverarme
porque teniendo un mishé
me engrupió que era pebeta
cuando me la chamuyé.

5 chamuyos:
Excelente! Que regreso!
Es la primera vez que entiendo lo que estos personajes quisieron decir en su momento. Gracias, pebete.
¡¡Pero qué blog!!
Bien pulenta, leyéndolo me siento más tanguera que nunca...Y me voy a enfundar la mandolina, estoy muy craquelé y los huesos me duelen.
qué mal aprovechado que estás nene!
Capo!
No cabe duda que seguís conservando el estilo de siempre, solo que esta vez mejor que nunca.
Esto está muy muy pulenta! Posta!
Nabrazzo,
PD: esta vez firmo como anónimo pues al parecer estoy invadiendo un espacio solo para admiradoras... y me dió un poquito de calor... je
Juá! Te identifiqué igual. Gracias a todos por sus amables comentarios.
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